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Centroamérica, marzo de 2020. El COVID-19 está teniendo grandes impactos en nuestra región y el mundo entero y desde que esta enfermedad fue declarada “pandemia”, nos enfrentamos poco a poco a los efectos de una recesión global, que se está empezando a desarrollar.

Para Rafael Sayagués, Socio Director de Impuestos y Legal de EY para Centroamérica, Panamá y República Dominicana y Latinoamérica Norte, las acciones que tomen los Gobiernos son cruciales para que, sectores como el sector productivo (mayor generador de empleo en cada país de la región), sobreviva a esta crisis y de acuerdo con el especialista, los impuestos y políticas hacendarias y de estímulo deberían representar el oxígeno que permita la supervivencia de las empresas de toda la región, durante y después de esta crisis. Una crisis que, a diferencia de otras vividas hasta el momento, seguirá golpeando por un periodo todavía incierto.

“Las disrupciones de negocios están asociadas a actos específicos y han sido situaciones localizadas que afectaron a una compañía, a un país, a un grupo y que tuvieron su efecto en otras localidades. Pero fueron disrupciones de alto impacto que se llegaron a controlar una vez que se identificó la raíz de la crisis.  La disrupción relacionada con esta pandemia presenta distintos desafíos, más complejos”, explicó Sayagués.

Una disrupción asociada al concepto de pandemia, como lo es el COVID-19, impacta a toda organización empresarial de forma sistemática e integral, desde su fuerza laboral, hasta sus cadenas de suministros, a sus proveedores, a sus competidores, a sus clientes y a sus asociados. Además, sus efectos van cambiando de un día a otro y su duración se puede declarar incierta.

“Estamos frente a una crisis para la que, claramente, el mundo no estaba listo, mucho menos la región, donde la necesidad de infraestructura especializada para tratar de afrontar la situación le impone una presión todavía más grande al sector privado, así como a los Gobiernos”, dijo Sayagués.

Resiliencia: la clave empresarial

En esta época de incertidumbre por el COVID-19, la recuperación de las empresas y organizaciones depende del nivel de resiliencia que tengan, asegura la firma.

Una empresa resiliente es aquella que, analizando cada una de las áreas, tiene la capacidad de reaccionar para hacer los ajustes necesarios ante esta disrupción tan violenta.

Es aquella que protege a sus colaboradores; que se enfoca en la protección de sus clientes y su marca; que planifica y estudia constantemente, posibles escenarios que pueden afectarla y se prepara para sobrevivir a eso. Es aquella que además, se involucra con otros actores, como las cámaras y gremios, para plantear políticas que le ayuden a sobrevivir como sector.

Pero muchas de estas áreas tienen implicaciones tributarias que requerirán ajustes para salir adelante resilientes. No pueden hacerlo solas y necesitarán de decisiones de Gobierno consensuadas y asertivas. Hoy más que nunca, para estimular al sector productivo, los Gobiernos deben alivianar la carga tributaria de las empresas para que estas a su vez puedan tener el flujo de efectivo necesario para mantener los negocios operando y así proteger la mayor cantidad de empleos posibles.  Mantener a la población empleada asegura que van a tener ingresos para consumo y eso mantiene la economía activa.  Para lo anterior, los Gobiernos deben compensar con reducciones sustanciales del gasto público, sobre todo a nivel de salarios que están normalmente protegidos y no se ajustan según la realidad de los mercados como en el sector privado, reduciendo los presupuestos de inversiones en áreas no prioritarias en momentos de crisis y restructurando su deuda interna y externa. 

De acuerdo con Daniel Quesada, Gerente de Impuestos de EY Centroamérica, a excepción de Nicaragua, los Gobiernos de la región han tomado medidas unilaterales. Algunas enfocadas en aplazar el pago de algunos tributos o en la suspensión de plazos. (Ver cuadro). 

Según comentó Sayagués, desafortunadamente, estas medidas al ser en gran parte sólo diferimientos de pago, no representan un beneficio o estímulo de alto impacto para el sector productivo.  Alivian el flujo de caja en el corto plazo, pero no necesariamente van a mitigar el impacto de la crisis actual. Las extensiones en los plazos de pago (en lugar de las exenciones o reducciones en la carga tributaria que si generan un impacto permanente dentro del periodo que fueron concedidas) presumen que en un periodo corto (e.g. 3 meses) las empresas van a haber podido recuperar los ingresos perdidos en los primeros meses de la pandemia, situación que en estos momentos parece ser poco probable. Dichas medidas asumen una recuperación o “rebote” general de la economía, el empleo y el consumo dentro de un periodo muy corto. 

Fortaleciendo el comercio internacional

Mientras las autoridades lidian con el equilibrio entre las medidas de contención, la necesidad inmediata de los negocios es evaluar y responder rápidamente a los impactos específicos en sus compañías y enfocarse en la continuidad comercial y la viabilidad de la empresa a largo plazo.

De acuerdo con Carolina Palma, Gerente Senior de Comercio Internacional y Aduanas de EY Centroamérica, es fundamental tomar decisiones considerando:

  1. Uso de puertos y rutas de comercio alternativas.
  2. Estrategias de abastecimiento dual y diversificadas.
  3. Identificación de proveedores y suplidores diversos.

Para cualquier empresa será clave mapear el comportamiento de sus consumidores y los patrones de consumo que impactarán su demanda, recurrir al uso de herramientas digitales y a la contratación de repartidores a domicilio que cumplan con estándares de seguridad y limpieza extrema.

No puede descuidar los riesgos legales derivados de posibles incumplimientos contractuales, como penalidades o cancelaciones, ya sea por incumplimiento propio o de otros participantes de su cadena de suministro.

Además deberán lidiar con restricciones propias del comercio, como por ejemplo, en las exportaciones. Para la experta esto puede abrir una ventaja de oportunidad para el comercio y producción local, bajo los estándares estrictos de salud ocupacional, limpieza y seguridad.

De acuerdo con Palma, las empresas serán juzgadas en tiempo real cómo manejan el reto ante esta situación, su comportamiento y en la definición de estrategias. Una reacción informada puede construir una marca de confianza y afinidad, mientras que decisiones pobres podrían ocasionar un daño reputacional.

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